Friday, January 11, 2013

¿Qué Recibimos los Dominicanos a Cambio de Pagar Impuestos?


Una nación que intente prosperar a base de impuestos es como un hombre con los pies en un cubo tratando de levantarse tirando del asa”
Winston Churchill (1874-1965) Político y Estadista Británico

Hagamos hoy un ejercicio de sentido común y de inteligencia elemental.

Todos los dominicanos, aún los recién nacidos, pagamos impuestos, directa o indirectamente. Los recién nacidos cuando se aplican los medicamentos, anestesias, materiales y asistencia médica en el parto, así como pañales, ropita, leche infantil, biberones y por todo aquello que tienen que pagar los padres cuando adoptan o engendran un nuevo ser humano.

Pagan también impuestos al gobierno los juguetes para los niños, la comida y artículos comprados en los supermercados o en colmados, la bebida o cigarrillos consumidos, la ropa, la educación (incluyendo la pública, pues hay que pagar transporte, comprar uniformes, libros, útiles escolares y otros materiales), así como vehículos, viviendas, electrodomésticos, hoteles, restaurantes y casi todos los servicios del gobierno y del sector privado.

Quien no esté consciente de que paga impuestos, por más pobre que sea, no piensa cuerdamente. 

Cada peso, cada centavo, que pagamos los dominicanos por impuestos pasa a engrosar las arcas del gobierno y esos pesos y centavos, que se convierten en cientos de miles de millones de pesos, constituyen las llamadas recaudaciones fiscales que el gobierno registra como parte de los ingresos contemplados dentro de su presupuesto anual.

Todos los que viven en edificios de apartamentos saben que cuando pagan mensualmente una cuota para mantenimiento, ese dinero se debe usar para el propio bien de los condóminos. Esos fondos generalmente se emplean para cubrir los gastos comunes y para efectuar las inversiones y gastos que se requieren, a fin de mantener el condominio en buenas condiciones. Por eso los recursos proporcionados a través de esas cuotas se destinan a reparaciones, mantenimiento y pintura del edificio y gastos tales como energía eléctrica de las áreas comunes, agua, basura, jardinería y vigilancia, entre otros.

Los condóminos de un edificio de apartamentos sólo se endeudan cuando toman un préstamo en un banco y eso sólo ocurre porque deben resolver una situación extraordinaria, a la cual no pueden hacer frente mediante cuotas extras y no disponen del dinero necesario en su cuenta bancaria.

El servicio de los administradores de un condominio es lo que más se parece a un gobierno. Si los administradores son incapaces o corruptos, tantos los condóminos como el mismo condominio sufrirán las consecuencias. Se producirán enemistades, enfrentamientos y el edificio se deteriorará.

Los impuestos son buenos cuando su destino es el correcto. Y el destino correcto de los impuestos es proporcionar al ciudadano  servicios públicos eficientes, sobre todo energía eléctrica, agua potable, ornato y recogida de basura. Es correcto cuando las instituciones públicas funcionan adecuadamente, en beneficio de la población; cuando los sectores prioritarios de la educación y de la salud logran elevados estándares; cuando la justicia es sana y equilibrada y constituye una garantía para todos los ciudadanos; cuando el gobierno se convierte en un defensor genuino de la nacionalidad y de la identidad nacional; y cuando las fuerzas armadas y los organismos de seguridad cumplen su deber de proteger a los habitantes del país contra la delincuencia, el narcotráfico, el lavado de dinero y la violencia.

Los impuestos también sirven para llevar a cabo los que los economistas llamamos “redistribución de la riqueza” o, lo que es lo mismo, el gobierno debe usar los fondos que el segmento más pudiente de la sociedad paga por concepto de impuestos para, mediante una política certera diseñada con esos fines, transferirlos en forma de empleos productivos, edificación de viviendas, mejor alimentación, educación y sistemas de salud, seguridad social eficaz y asistencia técnica y financiera a aquellos miembros de la sociedad más excluidos, particularmente mujeres y madres solteras, que tienen con menos posibilidades de ascender por sí mismos en la escala social.

Los impuestos son malos cuando su destino es el incorrecto. Y el destino de los impuestos es incorrecto cuando se utilizan en provecho propio a través de la corrupción administrativa; cuando se emplean para pagar sueldos a funcionarios y empleados supernumerarios cuyos servicios no aportan nada a la ciudadanía; cuando cubren gastos de instituciones que duplican los esfuerzos de otras instituciones; cuando se utilizan para influir políticamente en asuntos que nada tienen que ver con el bienestar de la población; cuando se violan las leyes para usar recursos públicos en campañas electorales, a fin de favorecer un candidato específico o para perjudicar a otros; y cuando se destinan a subsidios que no contribuyen a disminuir la pobreza, sino a convertir a familias completas en votantes que favorezcan el partido en el poder.

Así mismo, cuando se usan en sobornos a los congresistas para la aprobación de medidas que convienen a los gobernantes de turno; cuando se usan para compra de regalos, fiestas, vehículos de lujo, viajes, dietas, fondos de ayuda política, canastas navideñas y otros gastos innecesarios que sólo sirven para dilapidar nuestro dinero; cuando se otorgan pensiones escandalosas; cuando se pagan sueldos o bonificaciones extravagantes a funcionarios del gobierno y éstos se auto-aprueban aumentos escandalosos; cuando se invierten en obras no prioritarias o excesivamente costosas en detrimento de los servicios públicos básicos; cuando se suscriben contratos inadecuados y costosos para el país, como los de la energía eléctrica; cuando el endeudamiento externo no cumple su cometido, llevando al país a obligaciones de pago que cargan indebidamente el presupuesto nacional y se pagan con nuestros impuestos; y cuando el gobierno rescata instituciones financieras para salvarlas de la quiebra, beneficiando así a los propietarios de las mismas y perjudicando al contribuyente.

De igual manera, cuando se realizan donaciones del patrimonio colectivo a particulares, sean o no a la iglesia católica, a empresarios o a los propios políticos; cuando las obras civiles se detienen y posteriormente deben reajustarse los presupuestos para concluirlas; cuando la policía y los organismos de seguridad participan en complicidad con narcotraficantes y delincuentes; cuando los bienes del estado son descuidados y mal manejados, como sucede con los autobuses públicos, los vehículos y equipos  de las fuerzas armadas y la policía nacional; cuando se destinan a otorgar beneficios adicionales a sindicatos de choferes, los llamados "padres de familia"; cuando se aumentan los precios de los combustibles con el solo propósito de incrementar los ingresos del gobierno; cuando se realizan obras civiles, especialmente deportivas, las cuales, una vez terminadas, no se les da mantenimiento o se les abandona; cuando se mantiene una política de impunidad; y cuando se crean oficinas o despachos para las esposas de los presidentes, con presupuestos y funciones que nada tienen que ver con los deberes de una primera dama.

En fin, la lista es casi interminable.

Si un gobierno da un destino incorrecto a los impuestos, el país puede crecer económicamente debido a las circunstancias y a la política económica del período, pero nunca habrá desarrollo y se mantendrá un amplio segmento de la población en condiciones de pobreza, pobreza extrema e ignorancia. De la misma forma, las posibilidades de vivir en democracia son prácticamente nulas, aunque los políticos y los ignorantes se ufanen de su existencia.

¿Cuál ha sido nuestra experiencia como país?

A pesar de que en los tiempos de la colonia existían ciertos tipos de impuestos y de que las fuerzas norteamericanas que intervinieron financiera y militarmente la República Dominicana desde principios del siglo veinte cobraban el llamado Arancel Nacional para ejercer su control de las aduanas del país, no es sino a partir de 1935, con la promulgación de la Ley No. 855, que los dominicanos comenzamos a pagar formalmente impuestos. Esa Ley dispuso la creación de un Departamento de Rentas Internas que dependía de la entonces Secretaría de Estado del Tesoro y Crédito Público, hoy Ministerio de Finanzas.

Lo anterior quiere decir que los dominicanos hemos estado pagando impuestos durante casi ocho décadas y, sin embargo, ¿Cuáles cosas buenas han hecho los gobiernos con recursos cada vez mayores, provenientes de los bolsillos de los contribuyentes? ¿Han logrado los distintos gobiernos cumplir con sus funciones y deberes básicos?

Me parece que las respuestas son decepcionantes, pues el funcionamiento de las instituciones oficiales; las condiciones de los servicios públicos; aspectos de vital importancia como la educación, la salud y la justicia; el clima de seguridad ciudadana; el nivel de endeudamiento público; la exposición a los efectos nocivos de las drogas; el narcotráfico y el lavado de dinero; la salvaguarda de la identidad nacional por el problema haitiano; y el genuino ejercicio de los derechos ciudadanos consagrados en ese pedazo de papel que los dominicanos llamamos “Constitución de la República”, son cada vez peores.

Y no sólo eso. Los políticos que han encabezado los gobiernos de la República Dominicana han aumentado la deuda pública local e internacional a un nivel tal que es casi imposible que tengamos la capacidad de pagar el capital de la misma y todo porque los ingresos percibidos por impuestos no han resultado suficientes para cubrir la irresponsabilidad, el despilfarro, la corrupción, la ineptitud y la ineficacia de quienes llegan al poder mediante nuestros inconscientes votos y roban abiertamente los fondos del erario nacional, sin que haya castigo para ninguno de ellos porque se protegen mutuamente bajo acuerdos de impunidad, de “borrón y cuenta nueva” o de “no perdamos el tiempo en tirar piedras para atrás”.

Nos encontramos en un círculo vicioso donde el mayor endeudamiento, el mayor despilfarro, la mayor corrupción, la mayor ineptitud y la mayor ineficacia nos conducen de manera cada vez más acelerada a la necesidad de mayores impuestos y quien los paga, de una manera u otra, es el pueblo, nadie más.

 ¿Y qué hace el pueblo dominicano para defenderse de tales barbaridades?  Absolutamente nada. Todo lo aguanta. Todo lo sufre. De manera pusilánime y cobarde. Por esa razón es que no se vislumbra en el porvenir dominicano una solución a este problema de los aumentos de impuestos sin ninguna compensación de bienestar para el pueblo.

¿Es lo que he escrito aquí una exageración?  Afirmo rotundamente que no.

No puede ser verdad que hay que servir a un partido para servir al pueblo. Eso sólo conduce a la corrupción y a la decadencia moral. Es sólo al pueblo y sólo a él a quien los gobernantes deben servir. Y eso no ha ocurrido nunca en la vida republicana de este país.

Reto a cualquiera que lea este artículo a que me indique las áreas que maneja el Gobierno en las cuales, a su juicio, se comprueba un buen empleo de los fondos recibidos por éste a través del pago de impuestos por parte nuestra.

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